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martes, 25 de julio de 2017

La evolución de la mosca y el gusano



Toda forma de vida superior con respecto a otra se ve obligada a destruir a la especie inferior, pues esta le inspira asco, así como un odio y un temor que no entiende. La causa fundamental es el recuerdo del estado pretérito en su evolución, habitante de su inconsciente, formado desde que su cerebro pudo percatarse de su papel o compararse con otros. El otro siempre nos lleva al conocimiento del mismo, y el otro en este caso es el caos de una existencia demasiado vulnerable. Eso no le quita vulnerabilidad al ser de la especie más avanzada, pero le brinda una seguridad falaz que mantiene alejadas las ideas consecuentes que podrían dañar su psique.
            Suena cobarde, incluso patético, por parte de un género que se podría considerar a sí mismo superior, aunque es lo que ocurre, y no sin motivo. Las especies inteligentes llegan al punto en que perciben su posición en el mundo, su estado, su nivel sobre o con los otros; estructura su vida, su pensamiento y sociedad a fin de sobrevivir, generar y satisfacer deseos. Esta última característica es propia de la complejización evolutiva, una consecuencia natural de los sistemas que conforman la realidad en ciclos de orden-desorden-reorganización que se reinician una y otra vez, y se vuelven más complejos conforme avanza el tiempo. Su origen y culminación está en la relación entre la entropía y neguentropía, con la explosión que dio origen al universo, su futuro enfriamiento y el proceso entre ambos.
            Casi parece una necesidad para quienes gustan de aplastar moscas y bichos satisfacer su deseo. Ven con atención la miniatura de las hormigas, que con esmero cargan piedras hacia su hormiguero, a las moscas aletear sobre la basura, a la cucaracha correr por las paredes, o al gusano comiendo la tierra, y saben que deben, que quieren acabar con ellos. Un pisotón, un golpe con la palma de la mano, inclusive insecticida. Reducirse a su nivel para matarlos retrasa, tal vez, el desmedido avance hacia su propia destrucción, y les evita pensar en el pie sobre sus cabezas.  


Antonio Arjona Huelgas
25 de julio de 2017
Michoacán, México.

viernes, 10 de febrero de 2017

Una mosca tras la cortina

<<No me puedo mover, hay una mosca tras la cortina. Sé que quiere matarme. Puede hacerlo, no lo dudo, ella en especial. Siempre está ahí, siempre ha estado ahí. Pequeños pasos recorren la barrera, maliciosa. Con un objetivo concreto, e indescriptible maldad, disfruta de mi sufrir, y se jacta de su victoria. No tardó es hacerse de mi cuarto y encerrarme entre vidrio y el telón. Sabe que tras el cristal sólo queda mi muerte. TAC TAC TAC. Suena al estrellarse contra la tela, una y otra vez, una y otra vez. TAC TAC TAC TAC TAC TAC. “¡Ya! ¡Vete ya!” grito desesperado. No consigo calmarme. Quiere mi muerte, lo sé, quiere volar y alimentarse de mi cadáver. El sudor incontrolable corre por mi frente y humedece mi ropa. Frágiles lágrimas de miedo y frustración bañan un rostro quebrado, de alguien hundido en la desgracia “¡Largo! Déjame en paz, no sé por qué haces esto ¿Qué quieres? ¡¿Qué quieres?!” Vuelvo a gritar, mintiendo. Bien sé lo que desea y también el motivo de ello, y de todo esto. Me gustaría escapar después de que se vaya, pero sé que no se irá, ya me ha seguido mucho tiempo, y escapé otras veces, más no creo aguantar esto mucho tiempo más. Estoy cansado, y no puedo más. El vuelve a golpear, esta vez con más fuerza, enojado. TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC TAC. “¡Ya!” Grito más fuerte y más desesperado que nunca en mi vida. La mosca zumba con fuerza, la habitación entera se inunda por el frenético zumbido del demonio. Con más fuerza a cada momento. Más y más y más fuerte. Estoy harto de todo esto, queda una salida, y no hay más, mi última oportunidad. No ganará, perderé, sin embargo no le dejaré ganar, tendrá una victoria a medias, pues yo también le habré derrotado. Me lanzo por la ventana>>.

***

Al encontrar el cadáver, los policías miraron con extrañeza la escena. No había señales de que la puerta hubiera sido forzada ni que persona alguna lo hubiera matado. En el departamento, tras casi una hora de golpear la puerta, reforzada  tapado con trapos en las orillas,  la única cosa viva encontrada fue una mosca, así como el único rastro y no había forma de bajar a través de la ventana, ya que se hallaba en el octavo piso, y ni siquiera era posible descender escalando. “La mosca lo mató” dijo un policía a modo de broma. Su compañero le respondió que alguna vez había leído una historia en la cual una mosca atrapaba el espíritu de una persona, y perseguía al asesino de esta para vengarse. El otro le dijo haber escuchado alguna vez una leyenda en la cual uno de esos pequeños insectos deseaba tanto ser humana, que intercambiaba su cuerpo con uno. En la historia se explicaba el origen de una determinada especie de mosca de alas coloridas. Ambos oficiales rieron y salieron del ahí, especulando acerca de lo ocurrido.
Al final, mientras subían el cuerpo del difunto a una camioneta para transportarlo a la morgue, una regordeta mosca se posaba por encima de su cabeza.



Antonio Arjona Huelgas

10 de febrero de 2017