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Movilización a Memorias andantes

Una necesaria movilización Hace ya un año, con la caída de Google +, decidí trasladar el blog a WordPress, a fin de mantener con vida e...

lunes, 22 de agosto de 2016

Cabañas de San Juan

Los confines del bosque de San Juan están repletos de cabañas que pertenecieron a los  antiguos pobladores de la región. Sin embargo, poco conocemos de estos personajes, puesto que desaparecieron antes de la llegada del hombre europeo. Pero de alguna forma sus vestigios siguen en pie , y entre estos el más extraño es el arquitectónico. Largas filas de cabañas triangulares en espiral, conformando el conjunto más enigmático, aumentado por el orden descendente de las mismas, gracias a la orografía de los bosques de San Juan. Dicha forma circundante termina en una pequeña cascada, adornada con flores blancas, violetas y rojas,  y no se ha podido confirmar la presencia de vegetación acuífera. Bastante curioso, sin lugar a dudas.

Antiguos códices describen la leyenda de una deidad proveniente de la cascada. Con el fin de obtener bendiciones, clima estable, salud y redención,  un infante era sacrificado cada temporada de lluvias. Es asociado con los llamados Tlalocs, o con los Chacs, deidades lacustres que concedían sabiduría a cambio de la ofrenda de infantes. En el caso del bosque de San Juan, los niños eran desollados y lanzados al agua. Pese a que algunos piensan que los pequeños yacían muertos, en ocasiones eran conscientes del sufrimiento hasta el punto en que morían ahogados. Algo bastante triste.

La posición de algunos antropólogos y científicos sociales era la del respeto a las viejas tradiciones de las culturas autóctonas; mientras otros creían que semejantes costumbres debían desaparecer. Aunque en el particular caso de San José, la práctica del antiguo ritual horrorizaba y generaba desaprobación entre unos y otros. Y aún así, cada inicio de temporada de lluvias conlleva la inminente aparición del cadáver de un niño desollado.

Volviendo al caso de las cabañas convergentes a la cascada, son resguardadas por una serie de bardas alambradas y un equipo bastante activo de policías y guardabosques. Aún así,  los curiosos por los temas paranormales logran introducirse, con el fin de acercarse a la misteriosa cascada, e incluso deciden pasar la noche en alguna de las construcciones. El índice de desapariciones entre estos es de alrededor del 70% del total, tres cuartas partes de estos nunca se les vuelve a encontrar, mientras que el resto son encontrados muertos. El otro 30% afirma haber visto a niños corriendo por los bosques a distintas horas, sufrido desmayos repentinos, ser acosados por sombras risueñas cual hienas, e incluso en algunos casos olvidando lo vivido en esos rumbos.

Entre los muertos, más de la mitad han sido encontrados desollados, mientras que el resto ahogados. Todos sumergidos bajo la cascada. Lo más curiosos, es que en los primeros días de la temporada de lluvias, los cadáveres correspondientes estaban desollados, aunque la causa de muerte fue el ahogamiento.

El pueblo conlindante al bosque está repleto de campesinos, ex oficiales, anticuarios y algunas parejas de ancianos dedicados a disfrutar de su retiro. Ninguno osa acercarse al bosque.

Es irónico decir que hay quienes se apropiaron de ciertos terrenos, con el fin de remodelar las construcciones y con ello hacer una fortuna en ventas a particulares y renta a turistas. Hace poco se abrió el negocio, y parece ser que hay un amplio flujo de visitantes, esperemos que ninguno decida seguir el camino de cabañas que descienden en espiral.



Antonio Arjona Huelgas
21 de Agosto de 2016

sábado, 16 de julio de 2016

El rey de la velocidad


Recorriendo los 18 caminos rumbo a Aldebarán, persiguiendo el principio y el final del camino de una sola vez. El término y el comienzo, el presente y los cambios, las causas y consecuencias, no serían para mí más que una constante. Vuelo, corro, me muevo en dirección hacia la nada; no hay destino ni ruta fija. Acelero, doy cinco giros alrededor de la luna, me dirijo en ascenso hacia el sol, corro sobre los mares, atravieso los obstáculos como si no existieran, voy tan rápido como el infinito, superando al plus ultra, a mi alrededor una explosión da lugar al universo y el mismo es devorado en su propia expansión. A su vez, me aparto de este, saltando por encima de otros miles de millones, semejantes al primero. En conjunto formaban un ser absoluto, siendo cada cosmos un átomo de este. Sin embargo, el era  sólo un átomo de algo mayor. Trepé por la vastedad sin límite, a espaldas del mayor de los corceles. Y  siempre corro, vuelo a cada momento, más allá del momento en sí, porque por más que lo haga, siempre hay algo más allá.

Antonio Arjona Huelgas

jueves, 7 de julio de 2016

INSTANTE Y COINCIDENCIA




Ella se fue alejando por el largo de la calle, con un veloz caminar. Su roja cabellera ondeaba ante el viento tal fuego. El uno la miraba curioso; casi maldijo la lentitud del vehículo causada por el atolladero de automóviles, que llegaba al punto en que un peatón superaba su avance con facilidad.

-Tu mirada es la de un perro mal alimentado-. Se apresuró a decir el otro.- Te creerán acosador. No mucho te falta.

El uno hizo caso omiso. Pensaba ¿Sería posible que fuera ella? Estaba seguro que no, ella se había ido para no volver.

La respuesta del uno, sin palabras, fue definitiva.

El otro continuó.

-Lo único que harás es mirarla desde la distancia. Eres extraño, ni siquiera pretendes acercártele ¿Tienes miedo? ¡Oh, ya entiendo! ¡El parecido es mucho! Pero al no ser aquella que se fue, te sientes decepcionado, y tienes razón en estarlo.

El otro se detuvo, al ver la falta de efecto en sus palabras. Aunque siguió después de un momento.

-     No es ella, eso es imposible ¿Piensas salir sólo para ver de quién se trata? ¡Qué ridículo! ¡Ja! Y no lo harás, pese a que desees hacerlo-. El otro se burló del uno.- ¿A qué le temes? ¿Quién se irá a morir acaso?

-     Las posibilidades.



COINCIDENCIA



¿Quién era ella? ¿Quién había sido aquella? ¿Había una relación entre ambas o era una sencilla coincidencia? En este caso tenemos una serie de hechos conocidos, sucesos o aspectos tomados como ciertos, verdades con un aparente valor absoluto, al menos a falta de un algo comprobable que pueda refutar lo sabido. Habremos de llamar a estos axiomas.

   En el caso del uno y el otro en el instante, tenemos los siguientes axiomas:

1.   Hay dos personajes conocidos, el uno y el otro.

2.  Ambos discuten acerca de algo que mira con atención el uno, mientras el otro sabe lo que el uno hace.

3.  El otro se ve afectado por el uno. Le reclama, le discute, se burla. Sus intenciones son inciertas.

4.  Hay un vehículo, detenido sin más, o por lo menos moviéndose a una velocidad muy baja.

5.  Hay una chica que camina por la calle con aparente prisa, es posible que tenga algo importante que hacer.

6.  Hubo otra chica, en algún punto pretérito, quizá hipotético, a la que el uno y el otro conocieron o creyeron conocer. Por algún motivo esta no puede estar en el presente, de forma tajante.

7.  Ambas chicas tienen similitudes físicas extraordinarias. Incluso el uno piensa que la mujer que ve desde el vehículo podría ser la misma que conoció en algún momento. Esto contradice la imposibilidad previamente planteada. Sin embargo, no excluyo este detalle del axioma anterior a causa del posible deseo exacerbado y de carácter idealista del uno.

¿Qué tengo que ver yo en todo esto? Mi relación con el uno y con el otro es bastante estrecha ¿Quién soy yo? Yo soy, y también no soy. En mi está lo posible, soy lo que puede ser, más no es. Soy la posible síntesis de una dialéctica compleja y cotidiana. Hay uno u otro más similar a mí, lo que debe ser es el, más nunca podrá ser. No habla este personaje, a causa de carecer de voz y voto, y aunque los tuviera no hablaría, en el hay muchísimo resentimiento. Él es lo que debe ser, y nunca podrá ser; yo soy lo que no es, pero que siempre podrá ser. No puedo ser algo definido, debido a que el carácter de mi ser carece de forma, es el conjunto de las posibilidades.

El uno parece tener temor de la concretización de los hechos, y por consiguiente de la mía, puesto que teme la exclusión de las posibilidades. Piénsenlo, si mi ser, o las situaciones, toma una forma determinada con base en el alcance de un cierto evento, todo lo que podría haber sido cerrará en torno su propia imposibilidad nacida de la exclusión de los acontecimientos previamente posibles, y quizá concebidos.

Puedo comprender al uno, particularmente le tengo empatía, y mucha estima, entiendo que si la chica que observa con ansiedad resulta no ser aquella que ya no puede ser, ese uno u otro que se parece a mí perderá parte de sí, hasta cierto punto morirá. No conforme, yo me veré transformado de forma irrefrenable e irremediable. El caso contrario se puede considerar imposible, con base en lo admitido como cierto dentro de lo aceptado en una realidad como usualmente es considerada esta. Sin embargo, en este caso la opción cabe dentro de lo particularmente real del asunto. Por tanto, ésta segunda opción representaría la felicidad absoluta del uno, pero con ello la pérdida de todas las posibilidades surgidas en caso de que la mujer se trate de otra persona a la esperada, y con ello de una homogenización de lo que puede llegar a ser. En todo caso, ambas opciones encuadrarían la realidad futura en su respectiva resolución. Mientras no haya resolución, yo carezco de forma, me mantengo como un hecho posible con base en una puesta en suspenso de la verdad. No me queda mucho que decir, no quiero hacerlo, dicha acción limitaría mis posibles eventualidades. Sin embargo, quiero poner algo en consideración, si yo me autonombro, me identifico y me concibo como algo definido, o en caso de no serlo ¿Existo? ¿Soy real acaso?



Antonio Arjona Huelgas

7 de julio de 2016


martes, 14 de junio de 2016

Yo soy Silbán


Estate atento cuando escuches un aleteo, no querrás llevarte una sorpresa. Aunque no podrías hacer nada para evitar tu destino, más vale la pena saber el momento de tu final. Escucharás el batir de mis alas quebrando el aire, oirás mi grito de dolor, y sabrás que no hay nada más allá de la nada. Yo soy esa nada. Tú podrás ver algo en mí, verás la forma de un ave negra, parecida a un cuervo, pero sólo es la ilusión que he decidido mostrarte. El mundo en el que vives es una mosca atrapada en una red invisible, y yo soy el arácnido que espera a devorarla.

No importa si soy el principio, ten por seguro que soy el final.

Comí las entrañas del Dios muerto, el Todo es para mí como el día que sucumbe cada jornada ante la oscuridad de la noche, y yo soy esa Oscuridad.

Si te crees capaz de escapar de mí: te reto a intentarlo. Tal vez deje que creas haberlo conseguido. Sentirás ese placer de haberte librado de las garras de la muerte, creerás que te has librado del vacío que te espera hasta en el último rincón del mundo, creerás en el sentido de tus actos, de la huida. Cuando menos lo esperes ahí estaré.

Escucha a tus miedos, no evites percatarte de la misteriosa sabiduría que ha roído el interior del cosmos. Conoce el símbolo arcano y tenle pavor, puesto que es la manifestación de mi esencia.

No esperes trascender, tales expectativas son ridículas cuando estás entre mis manos. Cuídate de mi voluntad, rézale a tantos dioses creas necesario, al final será a mí a quien ruegues.   

En el instante en que decida el devenir y el porvenir de tu existencia, regocíjate de volver a la nada de la que te he permitido surgir, después de todo serás incapaz de evitarlo, y más vale aceptar con dignidad la conclusión.

Me han llamado Silbán, y mi nombre es el Vacío al que toda existencia volverá.






      Antonio Arjona Huelgas

Ciudad de México

14 de Junio del 2016

jueves, 9 de junio de 2016

El Fin de la Historia


¿Es este el final? Es aquello que tanto ansiábamos encontrar ¡Tantos años de humanidad! La Ilustración, el progreso ¡Ciegas expectativas! Tanto capitalismo como comunismo nos fallaron, toda ideología posterior terminó igual, pero ¿Podríamos haber esperado algo más siendo nosotros sus creadores? Los humanos lucharon tantos años en contra de su propia condición, pelearon entre ellos por imponer el bien que ellos consideraron verdadero, se enfrentaron al destino, a sus dioses y sí mismos ¿Sirvió para algo? No, desde el principio era una riña inútil para evitar la nada a la que todos habrían de volver.

La ambición humana no sólo acaba con sus portadores, sino que se llevó con ella todo lo que había. Todos ellos se creyeron con derecho de imponerse sobre el mundo, hasta que sólo quedó un pequeño bastión de la propia humanidad. Nuestro hogar pereció, así como todos los sitios posteriores en los que los humanos decidieron poner un pie. Muerte y más muerte, a todo sitio a donde iban. Comienzo a pensar que esa fue siempre su finalidad. El universo se extinguió, y de estos desdichados persistió de forma única el Imperio de las Nubes, la última creación.

Sin embargo hoy está muerto. 

Un fallo terrible, una guerra interna. Los tripulantes del Imperio de las Nubes hicieron todo lo posible por evitar su final, pero fue imposible. El navío se precipitó al centro de la Totalidad, a la irremediable verdad del ser.  Conforme se acercaba, los sueños se quebraron al estrellarse contra la realidad, una sombra los envolvió, la Nada, que había sido en el origen del Todo, devoró lo único restante de los entes que habían encarnado su contradicción. Cualquier inocente que haya estado en los momentos finales vio cómo sus esperanzas se perdían. La tristeza, el vacío, la melancolía, el llanto del ángel de la historia, arrastrado hacia su conclusión.

El Imperio de las Nubes ha encontrado su final.



Antonio Arjona Huelgas

Ciudad de México
9 de junio de 2016

miércoles, 25 de mayo de 2016

Lo inminente


“¡Cañones! ¡Cañones!” gritaba alguien desde la torre de observación, antes de la desaparición de esta entre las llamas y la fuerza de las armas de conquista llevadas por los Emperadores.

“¡Protejan el muro! ¡El muro!“ La orden de nuestro general se perdía entre los alaridos de los heridos y el ruido de las paredes hechas añicos “¡Defiendan el… el… defiendan…” Al pobre hombre no le quedaban muchas lágrimas que derramar. La derrota era inminente. Si el sujeto sobrevivía, era probable que terminara sirviendo al enemigo, o hecho prisionero, como rehén, ejecutado, o tal vez esclavizado ¡Peor aún! Quizá fueran a torturarlo, llevarlo arrastrando como alguna vez había hecho Aquiles con el cadáver de su aguerrido rival Héctor. Era posible también que los soldados de los Emperadores tuvieran entre ellos a personajes perversos que, además de atormentarlo y darle muerte, acabarían con su honor, o con algo más, quizá con… ¡No, no, no! Pero, no era posible, o sí, inclusive… ¡No! ¡Qué horror! ¡Y qué crueles…! Cuán terribles métodos podían habitar en la mente de hombres a quienes se les temía por sus terribles tratos hacia los desafortunados sobrevivientes, a tal punto que la mayoría prefería suicidarse, incluso los más fieros ¿Tan horrorosas eran sus vilezas? ¿Sus actitudes y canalladas? ¿Sus violaciones?  ¡Por Dios cuanta maldad! ¡Qué infames debían ser esas tropas si se atrevían a cometer semejante injuria! Aunque eso no era lo peor. Nuestro general recién había sido nombrado en el cargo ¡Qué felicidad! ¡Qué dicha! ¡Cuánto honor! Subir poco a poco, de un simple soldado raso a un general. Este hombre recordaba como de niño le gustaba jugar con espadas, imaginando que dirigía de forma honorable, defendiendo con valor a su nación, a su rey, a su gente. Los sueños de un infante que confió demasiado en su patria, las esperanzas de un adulto que creía poder alcanzar el objeto de sus fantasías más profundas, la perdida de todo sentido para quien en un instante le habían vedado toda ilusión, siendo arrojado a una verdad cruda e innegable. Su cara, su expresión vacía, confundida, todo valor, toda emoción lo había abandonado. Nuestro general dio fin a su vida, arrojándose hacia el mar de llamas de lo que habían sido los muros de la fortaleza, alimentado por las almas de miles de muertos.

Entonces conocimos la derrota.

Para mí no hubo duda ¿Qué más  podía hacer? ¿Cómo salir vivo del infierno en la tierra? Escapar, abandonar a mis compañeros a su suerte ¡Si, eso debía hacer! Estaba seguro de que mis compañeros morirían, todos y cada uno ¡Pobre del que no!

Entre las llamas se abrió un hueco entre las fuerzas de los Emperadores y el bosque ¡Mi oportunidad, mi escape! Corrí fuera del campo de batalla, atravesando un pequeño flanco entre ambos frentes, una línea curveada entre dos masas enfrentadas, un dragón hecho de los cuerpos y voluntades sublimadas de cientos de miles de personas, su aliento era la lluvia de voces vacías, sus colmillos y garras estaban en los pelotones que conducían a semejante abominación al interior de nuestra ciudad. Su fuego era la infernal maquinaria del mundo moderno, monstruos de metal que se alimentaban de la sangre de los hombres.

Escapé. A duras penas, evadiendo por segundos un destino fatal. La muerte los esperaba, su manto había sido echado sobre un valle pintado de rojo.  Las Tres viejas de mirada implacable sostenían sus tijeras, más como espadas, cortando, sin pensar ni detenerse, los hilos de millares de destinos.

Así, como empezó terminó, ubicado en lo alto de un monte, observando una acéfala masa, indetenible como el actuar de la naturaleza. Avanzando de frente  hacia mí.

F I N



Antonio Arjona Huelgas

25 de mayo de 2016


domingo, 15 de mayo de 2016

La casa en el olvido



-¿Quién soy yo? ¿Cómo he llegado a este lugar? ¿Qué hice? ¿Por qué? Recuerdo una montaña, un valle y un arroyo. Mi nombre es… mi nombre es… No lo sé ¡Me duele! He olvidado todo ¿Qué hacía? Mi hija ¿Tengo hija? Se llama… la nombré como…no, no ¡No lo sé! No puedo saberlo ¿Qué me pasa? ¿Por qué estoy llorando? Tuve un hermano ¿o una hermana? ¿Quién era? ¿Quién es? ¿Dónde estoy? La niña ¿Dónde está la niña? No logro encontrarla. La ocultaron de mí, no me dejan verla ¿Por qué lo hacen? ¿Quiénes son ustedes? No puedo encontrar a mi niña en el sol ¿Por qué la busco en el sol? ¿Dónde está el sol? Son las tres de la tarde, pero es de noche. Juraría que me acabo de despertar ¡Maldición! Me desperté muy tarde, debo pasar por mi niña a la escuela…Esperen ¿a quién estoy buscando? ¿Por qué lo hago? ¿Dónde estoy? Eva, ya está aquí, no la veo pero la siento. Viene por mí ¿Por qué me hace esto? Quiere lo que mío ¿Qué pasa? ¿Quién es Eva? ¿Qué es lo que hace? ¡No puedo recordarlo! ¡No! ¡No! ¡No! No es posible, no puede ser ¿Qué me pasa? No me gusta llorar, no quiero hacerlo ¿Por qué lloro? ¿Qué estaba haciendo? Mi mamá… mi mamá… ¿Dónde está mi mamá? Me dejó ¿Me dejó? ¿No quiere estar conmigo? ¿Por qué no me quiere? ¡Quiero a mi mamá! ¡¿Dónde está?! ¡¿Por qué no la encuentro?! ¿A quién estoy buscando? ¿Por qué busco algo? ¿Qué estaba buscando? Tengo que ir al baño ¿Dónde está el baño? Esta no es mi casa ¿Qué hago aquí? Estoy perdida. Tengo que… tengo que… ¿Qué tengo que hacer? ¿Por qué lloraba? ¿Quién es esa mujer? ¿Es  Mariana? ¿Es mi hija? ¿Si es ella? Quiero que me ayude, no encuentro mi casa, tengo que ir al baño ¡Marianita! ¡¿A dónde vas?! No me dejes sola ¡No me puedes dejar sola! ¡Por favor! ¡Por favor no! ¡No te vayas! Ya estás aquí ¡Ayúdame! No sé qué me está ¿Dónde estoy?
-Señora Méndez ¿Qué hace usted  sola en el pasillo? ¿Quiere ir al baño?-. dijo la enfermera, preocupada.
-Marianita ¿Eres tú? Hija, no sé dónde estoy. Tengo que ir al baño, quiero ir a mi casa.
-No se preocupe, la llevaré ahí, yo sé dónde estamos. Venga por aquí- así, la enfermera condujo con amabilidad a la señora Méndez hacia el baño, para después llevarla a la habitación designada.
-Marianita, te extrañaba tanto. Estaba llorando ¿Por qué lloraba? ¡Odio llorar!- la señora Méndez parecía un poco más tranquila. La enfermera Estefanía tendría  mucho más sencillo el trabajo de ese momento en adelante. Antes habían buscado a la señora Méndez durante casi una hora, el personal debió darse prisa para evitar que desapareciera. En caso de haberlo hecho, no, habrían tenido problemas con demandas directas, puesto que no le quedaban familiares vivos. Sin embargo, muchos miembros del personal se habrían entristecido en extremo, incluyendo a Estefanía, ya que la señora Méndez era muy querida en el asilo.
El problema de la señora Méndez se agravó a causa de la muerte de su hija en un asalto, ahí mismo murió el esposo de esta. No dejaron nietos, cosa que quizá pudo haber ayudado a la señora Méndez, pero la  suerte nunca le sonrió.  Su marido había muerto casi diez años antes, por un derrame cerebral. Algunos hermanos seguían vivos, aunque pasaban por situaciones semejantes.
La señora Méndez salió del baño.
-Lucía ¡¿Dónde estoy!? ¿Qué hacemos aquí?
-No te preocupes, te llevaré a tu habitación, todo estará bien-. Estefanía estaba un poco triste, le había tomado cariño a la señora y le dolía verla así.
- ¿Me llevarás a la casa en la colina? ¿Te acuerdas? Esa a la que íbamos cuando niñas, donde jugábamos por horas ¿Recuerdas Lucy?-. La señora Méndez sonreía, emocionada.
- Si, te llevaré ahí mañana. Acompáñame, vamos a tu cuarto.
-Está bien ¡Oh Lucy no puedo esperar! Quiero ver esa casa antes de olvidarla-. Al decir esto, una lágrima brotó por su mejilla.
Llegaron a la morada de la señora Méndez. Estefanía le ayudó a colocarse en la cama y la arropó. Antes de que saliera de ahí, dejando dormir a la señora, la conocida voz le llamó:
-Muy buenas noches hija ¡Te quiero mucho!- la señora Méndez se había alegrado.
-Yo igual- dijo Estefanía, sabiendo que esa mujer no era su madre, siguiendo el juego para no destrozar más su dañada cordura. Al final del día, Estefanía retornó a su casa, nostálgica, pensando en la señora Méndez, confiando su cuidado a los médicos del turno de medianoche.
Las luces se apagaron en el asilo. Todos los pacientes durmieron en paz. Esa noche la señora Méndez soñó que volvía a la casa de la colina, donde la esperaban su hija y su hermana, felices con su regreso. Una luz resplandecía en lo alto, el bello campo de verdes pastos y frondosos árboles daban una sensación de paz. Los latidos se detuvieron poco a poco, hasta que cesar por siempre su ritmo.
La señora Méndez al fin llegó a la casa en lo alto de la colina.



FIN




Antonio Arjona Huelgas

Ciudad de México

15 de mayo de 2016