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Movilización a Memorias andantes

Una necesaria movilización Hace ya un año, con la caída de Google +, decidí trasladar el blog a WordPress, a fin de mantener con vida e...

sábado, 30 de septiembre de 2017

Días en el fin del mundo

Rojo era un amanecer cualquiera al final del mundo. Las nubes a los pies de Mar estaban quietas, petrificadas, con las formas infinitas paralizadas en una sola imagen. La casita de madera y piedra reposaba a las orillas del acantilado, las tejas caían de vez en cuando en dirección al sin final. La puerta decorada por un espejo roto hacía tantos y tantos años que ni la propia Mar lo recordaba, y por supuesto nadie más, aunque ya nadie poblaba el mundo. Los cristales se fraccionaban en otros muy pequeños, y esos en otros tantos, y estos, a su vez, en muchos más, y así de manera sucesiva; cada imagen proyectada en ellos era distinta a la otra, aunque todas eran reflejos, más ninguno lo era de una misma cosa.

Tanto en el fin cómo en el principio el mundo estaba desierto, y Mar lo recordaba, pues siempre vio hacia lo bajo desde su casa en el cielo. Recordaba el tiempo en que los vivos plagaron la inmensidad, y otro en que lo hicieron los muertos… y en otro más el hombre. Ya fuera el mismo entre los vivos, o sus obras entre los muertos. No sólo estos, sino otros semejantes tuvieron lugar hasta en el rincón más insignificante del infinito que a diario se mostraba ante los ojos de la pequeña Mar. 

Sus estrellas habían ardido hacía mucho tiempo, y la luz del principio consumiría pronto las nubes. Sin embargo, la vieja choza de Mar se mantendría en pie; esas piedras y tablas  a lo alto del risco en el cielo y se caían poco a poco sin parar, con sus tejas derrumbándose sin final, con un caminito de trozos de esponja y coral que descendían en espiral a la tierra. Debajo las tumbas regían un reino silencioso, inertes, arrastradas por las olas y al viento hacia el atardecer. La playa se inundaba, los granos de arena eran devorados, cavernas que contenían otras tantas de mayores y menores tamaños se inundaban, y así el barro se ahogaba y desaparecía, perdido en la bruma de las profundidades.

Así, entre el brillo de la tarde y las nubes sin fin, Mar vislumbró una estrella, la última de todas, descendiendo con lentitud, sin detenerse, hacia la última luz del último atardecer. La pequeña Mar se maravilló y sonrió como no lo había hecho en tantos evos. Decidió entonces quedarse a observar la Estrella de la Tarde, que navegaba como un barco en ruta directa al fin de todas las cosas, entre la espuma del océano y las brillantes nubes, ondeando el único estandarte que todavía significaba algo. 

Mar observó morir su estrella, y una lágrima corrió por sus ojos. Y todo terminó.

La pequeña regresó a su casa para dormir un poco, al levantarse todavía tendría oportunidad de ver el resto del atardecer, antes de la noche, ya después descansaría para siempre, con una sonrisa en los labios, pensando en su última estrella.




Antonio Arjona Huelgas
30 de septiembre del 2017


sábado, 23 de septiembre de 2017

Sueño y delirio entre la vida y la muerte

Hielo, oscuridad, voces que suspiraban nombres vacíos, la lista era grande y ni uno solo de ellos real. Losas sin color ni forma, sólo pesos que ni la tierra puede cargar, rosas negras entre las sombras que gimen y sonríen, observan y ríen. Manos negras y blancas me jalan, no les temo ni me tranquilizan, de todos modos no puedo verlas. Estamos perdidos como siempre, dónde nunca lo habíamos estado ¿Quiénes somos? ¿Por qué y para qué recorremos un camino a ciegas? Somos parte de un rompecabezas, de un gran enigma que nos alcanza y supera a todos, y que todos ahí acabamos, en un extraño vértice en el cero de todas las cosas, en su origen y final. Nos movemos y nos arrastramos, nos hundimos en el olvido. Yo muero, todos mueren, y vivo. No sé cuándo dejé de respirar, me rodean muros muy estrechos, el espacio se cierra cada vez más. Creo ver luz, más no hay nada, aparece y desaparece, y ya no sé cuál sea su origen, si la vida o la muerte. Creo que nadie ahora está con vida, no creo que puedan estarlo. Me balanceo de un lado a otro, oscilo en otra dirección, tiemblo, me invade el frío. Quiero toser, o murmurar algo, más no puedo. Ya estoy muerto. Una ola me aplasta, envuelve mi cuerpo, pesa en mi espalda; mis ojos se abren a la nada, al interior del agua dulce y salada, es la primera sensación cálida que me recorre. Tengo la sensación de escribir algo que se ha escrito, por mi propia pluma y por otras, en incontables ocasiones, yo mismo lo hice antes y es probable que lo vuelva hacer, distintos yos y distintos y mismos otros narramos esta historia una y otra vez, o tal vez la historia se ha contado sólo una vez, pero el tiempo la ha distorsionado o reflejado en puntos infinitos. No sé con exactitud que estoy narrando, nunca lo he hecho, a pesar de sentarme a escribir y descubrirme tecleando lo que tantas veces antes, con una pluma, una máquina de escribir o el teclado de una computadora. La tinta escurre en una forma conocida, y se seca, la luz del monitor proyecta símbolos según sean necesarios, y este símil de la luz y la forma es lo más cercano a la esencia de lo que hago. La pantalla se apaga, la tinta suave se hace áspera y el nombre queda grabado. Así concluye un fragmento de lo inacabado, el término de la arista de lo que podría ser un diamante o apenas un trozo de cristal.



Antonio Arjona Huelgas

23 de septiembre de 2017

sábado, 9 de septiembre de 2017

Lamento de Horus



Las olas rugen y golpean a mí alrededor con fuerza, mecen la isla sobre la que me hallo haciendo temblar sus cimientos. Los rayos pulverizan mis fragmentos  gritando y saltando. Me derrumbo en mi propia avalancha ante los estrepitosos pasos de la Tierra; su velocidad me abruma y su fuerza me aterra, su poder me ciega e invade. Siento sobre mí su mirada penetrante y la veo difuminada entre las arenas del desierto, la figura del mundo, la de una mujer y un ave, encimadas y en sincronía, tocando una melodía cuya armonía es tan perfecta que se manifiesta en su imagen. Es mi madre Isis que llora ante la muerte de mi padre; y yo aúllo ante la impotencia. Su ba le abandona con cada suspiro, y el ka no se alimenta, hasta su sombra la ha dejado ¿Cuándo fue que Maat se derrumbó? ¿En qué momento nos abandonó Ra, padre de todos nosotros, que dio forma a las partes seccionadas de Atum, el Todo? ¿Por qué se habría molestado en formar el mundo si nos abandonaría entre la crueldad del desierto y la tempestad del océano, con ríos que dan vida pero quedan secos, con la debilidad de la vida y las fauces de la muerte a las que nos acercamos girando? Ni nosotros los dioses, llamados inmortales por los hombres, estamos libres de los colmillos de Apep, que es la noche, la oscuridad y la nada. Ra navega el firmamento llevando el sol a todas partes, pero no entiendo su cometido pues nos tiene abandonados en un mundo sin sentido ¿Debo acaso vengar a Osiris, mi padre? Quién ahora reina entre vivos y muertos en un tiempo sin final, más sólo como un cadáver incompleto cuya influencia reside no más que en su recuerdo ¿Por qué disputar ante la corte de los divinos por el mundo que debía regir mi difunto progenitor? Él está muerto y yo podría terminar igual, para aumentar las lágrimas de Isis que entonces podrían inundar el mundo y arrasar con la humanidad por su pesar ¿Dónde estás Amón, padre de todo lo creado? ¿Qué acaso tu nombre no significa <<el Oculto>>? ¿Qué no guardas refugio entre el céfiro y la ventisca? ¿En el norte y en el sur, en poniente y occidente? ¿Por qué no escuchas los llantos de mi madre? ¿Por qué no ves sus lágrimas? ¿No oyes los suspiros? ¿No ves cómo se arrodilla y grita por la traición de Set? ¿No escuchas mis plegarias? ¿Ni mis penas? ¿Ni siquiera mis reclamos? ¿Acaso tú también estás muerto? ¡Dime Ra por qué me has abandonado! O deberé ahogarme en la nada y arrancarme los ojos que son la falsa bendición con la que me has hecho ver todo, mucho más de lo que cualquiera debería ¡Responde padre o deberé darte por muerto! Dime si debo creer en ti por fe a las palabras dichas por Isis durante mi niñez. Estoy perdido y mi madre muere lento por el dolor. Al final quedaré yo solo en esta eterna confusión, aún si derroto a Set, en una tierra llena de cadáveres andantes. Señor ¡¿Por qué me has abandonado?!



Antonio Arjona Huelgas

9 de septiembre de 2017

martes, 25 de julio de 2017

La evolución de la mosca y el gusano



Toda forma de vida superior con respecto a otra se ve obligada a destruir a la especie inferior, pues esta le inspira asco, así como un odio y un temor que no entiende. La causa fundamental es el recuerdo del estado pretérito en su evolución, habitante de su inconsciente, formado desde que su cerebro pudo percatarse de su papel o compararse con otros. El otro siempre nos lleva al conocimiento del mismo, y el otro en este caso es el caos de una existencia demasiado vulnerable. Eso no le quita vulnerabilidad al ser de la especie más avanzada, pero le brinda una seguridad falaz que mantiene alejadas las ideas consecuentes que podrían dañar su psique.
            Suena cobarde, incluso patético, por parte de un género que se podría considerar a sí mismo superior, aunque es lo que ocurre, y no sin motivo. Las especies inteligentes llegan al punto en que perciben su posición en el mundo, su estado, su nivel sobre o con los otros; estructura su vida, su pensamiento y sociedad a fin de sobrevivir, generar y satisfacer deseos. Esta última característica es propia de la complejización evolutiva, una consecuencia natural de los sistemas que conforman la realidad en ciclos de orden-desorden-reorganización que se reinician una y otra vez, y se vuelven más complejos conforme avanza el tiempo. Su origen y culminación está en la relación entre la entropía y neguentropía, con la explosión que dio origen al universo, su futuro enfriamiento y el proceso entre ambos.
            Casi parece una necesidad para quienes gustan de aplastar moscas y bichos satisfacer su deseo. Ven con atención la miniatura de las hormigas, que con esmero cargan piedras hacia su hormiguero, a las moscas aletear sobre la basura, a la cucaracha correr por las paredes, o al gusano comiendo la tierra, y saben que deben, que quieren acabar con ellos. Un pisotón, un golpe con la palma de la mano, inclusive insecticida. Reducirse a su nivel para matarlos retrasa, tal vez, el desmedido avance hacia su propia destrucción, y les evita pensar en el pie sobre sus cabezas.  


Antonio Arjona Huelgas
25 de julio de 2017
Michoacán, México.

jueves, 18 de mayo de 2017

Soy el final




Soy el final.

La fuerza corre mis puños como si se tratasen de agua, pasé del sólido al líquido a causa del fuego de mi propia sangre, encendido ante el combustible de mi último aliento.  Mis movimientos tienen lugar en todas partes, en el suave céfiro y en la potente ventisca, en los mares y en el ardiente núcleo del mundo. Lucho contra mí mismo, contra un vano reflejo de lo que soy, pero que habita en todo mí ser. La ilusión de un sueño al que enfrento todas las noches, a pesar de que todas ellas son una misma, un profundo y perenne letargo.

Al terminar mi refulgir, me adentro en el vacío, donde la vida original, la primera existencia del ser. Al cerrar mis ojos veo la luz de lo que fue y lo que pudo haber sido, y de lo que será. Mi sitio está siempre al término de las cosas, de la expansión del espacio en el tiempo, y en el fin de todo. A veces las cosas vuelven a salir de mí, nacen de mi muerte, de mi cuerpo inerte, aunque este sea formado por la inercia de todas las cosas. No obstante, tras de mí no hay nada, ciertos algos nacen de mí en ocasiones y dan lugar al Ser, pero no siempre es así, o mejor dicho, siempre es y a su vez nunca lo es. En momentos, formas y lugares las cosas terminan y nunca vuelven a ser. Lo que de verdad está roto no se puede reparar, ciertos caminos son irreversibles.

Yo no soy vivo, yo no soy muerto. No soy vida ni  muerte, aunque me asemejo a la segunda. Soy el fin de todo. Mis progenitores fueron la Permanencia y el Cambio, Lo que está o es y Lo que no está o no es, la Eternidad y la Transformación, o bien la Vida y la Muerte. Yo soy quién o qué está entre ambos, soy el hecho en sí entre los procesos, y no el suceso o hecho particular antes y después del cambio, ni siquiera el proceso como tal. Nací tras un conflicto entre mis padres, Permanencia y Transformación, de sus voces y suspiros, entre sus fuerzas que de forma continua se anulaban entre sí, de agresiones y resistencias. Soy lo surgido entre las fuerzas primarias del Todo, que es sólo en la nada. Soy el Final.





Áureo Boix

Alguna parte

18 de mayo de 2017

domingo, 19 de marzo de 2017

Un pensamiento acerca del más allá

Introducción al materialismo preternatural como perspectiva epistemológica

Brevísimo ensayo sobre un materialismo preternatural



El antecedente más antiguo conocido en torno al materialismo preternatural surge a mediados del siglo XX. Si bien las ideas de Feuerbach, Adam Smith, Jonh Stuart Mill, o Karl Marx se extendieron y repercutieron con la mayor rapidez posible para su tiempo, el contacto con ideologías que albergaran la posibilidad de lo preternatural llegaba a términos negativos, en el mejor de los casos, dado que sus principios resultaban diametralmente opuestos. No conforme, el éxito del positivismo comptiano en la sociedad Occidental y sus pretensiones de verdad y progreso científico, provocaron un terrible y contraproducente alejamiento entre el estudio de las artes ocultas y la ciencia moderna. Es claro que hubo grupos de carácter sectario que trataron de conciliar ambos principios, sobre todo entre las élites políticas de distintos países, aunque ninguno poseía el rigor ni las bases metodológicas para obtener resultados concretos. Es evidente que tal contexto llevaría a los temas de estudio en torno a lo sobre y preternatural al desprestigio, y al fracaso de un marco teórico capaz de englobar lo inexplicable en un sistema de investigación. Es claro, desde un punto de vista filosófico y epistemológico, que la ciencia de lo preternatural no puede englobar los fenómenos como tales, pero si podría explicar a grosso modo los aspectos fundamentales y prácticos de los mismos, y a su vez, en determinado momento si las condiciones son propicias para este estudio, entenderlos a profundidad. Sin embargo, las condiciones del pensamiento no fueron medianamente propicias para esto, hasta después de la Segunda Guerra Mundial, el aparente fracaso del positivismo y las condiciones propias de la Guerra fría. Así, por mucho tiempo el campo de las fuerzas naturales místicas se mantuvo en el silencio y bajo el prejuicio.

Casi todos los esfuerzos de los estudiosos para renovar el espíritu humano en las ciencias fue sesgado por el tiránico cientificismo de corte positivista, al punto en que la mayoría de las universidades especializadas en estos temas fueron clausuradas u obligadas a cambiar su enfoque. A excepción de la Universidad de Miskatónic, que sobrevivió hasta inicios de la Guerra fría y la puesta en servicio de la misma en pos de los intereses del bloque capitalista.
Así, después de tantos obstáculos, el concepto de materialismo preternatural surgió en beneficio de la ciencia íntegra de lo inexplicable, como principal eje ideológico, y base para un estudio objetivo. Fue definido por Alfred Schütz, un académico de la Universidad de Berlín, que viajó a Norteamérica para estudiar su doctorado, cuya tesis fue titulada El potencial epistemológico de lo oculto. En ella define el materialismo preternatural como:
Podemos hablar acerca de un materialismo, entendido como la doctrina de pensamiento que se apoya, única y exclusivamente, en lo material, en el producto del Demiurgo, dicho al modo de Platón, como verdad última de la realidad. Una concepción ideológico-filosófica basada en lo tangible, en la Mater física, la materia. En el caso del materialismo preternatural, se acepta lo comúnmente negado desde el materialismo tradicional, cómo probabilidad dentro de las posibilidades perceptivas y concretas, es decir entendido desde los conjuntos del conocimiento psicológico y científico como hechos posibles. En resumen, pensamiento que admite lo que es en apariencia descabellado, explicado y comprendido desde un orden natural, lógico y plausible” (Schütz: 1977)

Cierta parte del estudio materialista de lo preternatural se podría asociar con la idea de la Ignorática, que se puede entender como una disciplina enfocada en estudiar todo aquello que se ignora, dividirlo, clasificarlo y analizarlo. Es descrita en El libro negro de Giovanni Papini, obra de fascinante carácter y de posible inspiración para ciertas propuestas del materialismo preternatural. Precisamente los conceptos ficticios llevaban en sí una expectativa o una forma de concebir los fenómenos mal llamados paranormales. Fue necesario un tratamiento más profundo, concreto e interdisciplinario para llevar lo preternatural al plano de la teoría materialista.

La importancia de esto es tal, que sólo por este medio se puede alcanzar una explicación auténtica del mundo, de la sociedad, y de las propias leyes que nos rigen. Desde lo particular como una posesión, hasta la función de ciertas fuerzas en el subconsciente colectivo. Es claro que se retoman términos propios de pseudociencias como la parapsicología y la ufología, más se desentiende de todas ellas. Se deslinda de cualquier tipo de superstición, pues busca las altas posibilidades de la lógica, probabilidades no tenidas en cuenta en situaciones comunes, entendidas siempre desde la razón.

Cabría citar a una larga serie de autores para describir el nacimiento y desarrollo teórico de este postulado, sobre todo al tratar de entenderlo desde su contexto y en relación con la epistemología de la complejidad como parte de una fase progresiva pero preservativa del conocimiento humano. Para ser tal, es evidente que debe estar acompañado de un adecuado marco teórico y de un uso práctico, entendido desde lo científico y epistemológico en general, así como una filosofía que lo respalde. Todo esto se propone en el presente el materialismo preternatural.

En fin, en la presente obra se reúnen los ensayos más célebres y fundamentales para entender el materialismo preternatural, su historia y teoría. Algunos como el ya citado Schtütz,  James Belknap, Richard Ernest Bloch, Joseph Armitage y Rafael Levi. A su vez, textos de religiosos y ateos que sentaron sus bases.

Este pequeño texto puede parecer breve y ambiguo, y lo es en comparación con el conocimiento brindado por el materialismo preternatural. Espero con esto inspirar a los lectores y que esta introducción constituya una parte necesaria de la Gran obra.

Hoy y para siempre.
Cogito et opus ad aeternam.


Bernard Romero Fulcanelli

viernes, 3 de marzo de 2017

La muerte de Narciso



Un profundo dolor corrompía los corazones de los habitantes del bosque. La melancolía reinaba entre los espíritus elementales, que habitaban entre las verdes hojas, en medio de la corteza y el tronco de los árboles más frondosos, en las gotas de agua salpicadas por el arroyo, y susurraban entre céfiros y ventiscas. Su vida y la admiración constante hacia la Madre naturaleza los alegraba casi todos los días, pero ese día, no tras la muerte de Narciso.

A la tercera jornada tras el fallecimiento, una pequeña decidió hacer un funeral en honor del difunto mortal. Rara vez los espíritus se conmovían ante la muerte de un ser humano, pues estos, como todas las criaturas vivas eran efímeros. Inclusive era una bendición que muriera, pues un elemental sólo perdía la vida ante la destrucción del bosque o la selva, ante la erosión de la tierra y el envenenamiento del aire, frente a la sequía de los ríos y arroyos. Y en tales atrocidades los humanos eran los más hábiles.

Sin embargo, para la pequeña Nin, el fallecimiento del hombre se le había revelado como un vacío. A la hora de enterrar el cadáver, ella y su hermano mayor fueron los únicos en ver su rostro, nadie más, ni el suspiro y ni el arroyo. Quizá el sol, pues su ojo veía todo a través de los rayos de luz. Ni uno más.

El día anterior al velorio la pequeña Nin habló con su hermano Enli desde el amanecer hasta el descenso del rey sol. Enli se acercó a Nin al verla triste y acongojada, cierta parte de él conocía esa sensación, aunque por lo general no se diera entre los elementales. Se adelantó, se colocó junto a su hermana, y preguntó:

-¿Qué tienes Nin?-. La chiquilla recostó su cabeza en el hombro de su hermano y, sin dejar de mirar al cielo le preguntó:

-Hermano mío ¿Qué es la muerte?- calló, y esperó atenta la respuesta de Enli.

-El fin-. Respondió parco. No obstante, al mirar los ojos de su hermana, perdidos en el infinito, subió la vista al sol, y su mirada cayó al suelo.- Creo que tras varios siglos en realidad no estoy seguro de ello. Pienso que es un cambio inevitable.

-¿Un cambio?- al fin parecía que su hermanita entendía lo suficiente para sentirse menos afligida, o por lo menos la curiosidad la distraía de su pesar.- ¿A qué te refieres?

-Imagina los vientos y el agua, el camino que recorren, uno por el mundo y otro hacia el mar. Piensa en la distancia que avanzan, y ahora ve todo eso desde una gota de agua, desde una leve brisa, o si prefieres desde una mota de polvo arrastrada por el viento…

-Me gusta la gota de agua-. Nin lo dijo por reflejo, pero sonrió un poco.

-Bien, imagina que la pequeña gota nada en dirección al mar, en el río, junto con otras tantas miles o hasta millones de gotas semejantes a ella. La pequeña, si pensara, no sabría a dónde va, sólo continuaría su camino, y su vida, en dirección al mar. De todos los rincones a dónde podrá ir y dónde podrá terminar, siempre podrá regresar al riachuelo. Pese a necesitar evaporarse o congelarse para hacerlo. Todos esos son cambios que ella puede controlar hasta cierto punto, o que, bien o mal, puede revertir, a excepción del mar.

Nin creyó entender a lo que se refería Enli.

-El mar es el cambio, la transformación inevitable e irreversible. Haga lo que haga, la pequeña gota de agua debe seguir su curso, o se estancará. Su movimiento cesará por completo, y el término absoluto del movimiento es peor que la muerte.

Nin abrazó a su hermano.

-¿Crees que Narciso era hermoso?- preguntó la joven elemental.

-¿Qué?- Sí que se sorprendió Enli al escuchar eso, nuca imaginó que una elemental, y mucho menos una tan pequeña se hiciera una pregunta como esa sobre un humano.

         -Creo que debía ser muy hermoso, seguro tenía miedo de mostrar su cara, por eso vivía siempre con aquel raro espejo frente a su cara, seguro era tan bella que no podía dejar de verla. Tanto que al morir el espejo no pudo evitar caer en ella, y evitarnos así el observarlo-. Enli no supo que decir, por lo que dejó hablando a la pequeña.- Los rayos de luz fueron los únicos de nosotros que pudieron verlo, y cómo son unos engreídos por ser hijos del sol, no van a decir nada a nadie ¿Tú te enamoraste alguna vez de una luz verdad?

         -Je je, eso fue hace muchos años, venía de una estrella muy, muy lejana. Nunca he amado a nadie como la amé a ella-. Enli se sorprendió por la repentina pregunta de su hermana, no pudo más que reír. Por supuesto evitó ser explícito al hablar de eso.

         -¿Qué hay de mí?- Nin observó enojada a su amado hermano mayor.

         -¿Qué? No, a ti te amo de forma distinta, tú eres mi hermanita, surgimos de lo mismo, eres la pequeña hija de la tierra que en esencia misma es agua viva como la de los manantiales y el amplio mar. Tú eres la única como yo.

         Nin abrazó con más fuerza a su hermano. Cerró sus ojos y le susurró a Enli.

         -Te amo hermano ¿Siempre estarás conmigo verdad?

         -Siempre que haya algo existiendo, por más pequeño que sea-. Enli sonrió. Pensó en aquello que lo semejaba a su hermana, ella era un ser de la tierra, que en esencia era luz y agua. Por su parte, él era luz y viento. Ninguno de los dos era enteramente como el resto de los elementales de tierra, y ambos sabían que sus destinos estaban más allá de la tierra. Por supuesto que Nin desconocía el significado de la diferencia entre sus esencias y las de sus congéneres, y era mejor así. Sin embargo, podía especularlo, Enlil lo sabía y temía que así fuera, pues era casi seguro que lo haría. De no haberlo hecho ya.

-¿Qué es lo bello? ¿Qué hace una cosa más bella que otra? ¿Por qué es así? Siempre me lo he preguntado, más temo preguntar, podría parecer una tonta ¡Parece que todos lo saben con mucha seguridad!- Nin estaba más animada.

         -¿Lo bello eh? Hm, buena pregunta-. Enli guardó silencio un instante, y después siguió hablando. -En realidad casi todos lo dan por hecho aunque casi nadie lo sabe con seguridad, tal vez nadie. En el caso de los humanos parece que ellos ven la belleza de muchas formas, y tienen maneras de apreciar la belleza de las cosas según que sean. En la mayor parte de los casos, lo que consideran hermoso nacerá de lo que la mayoría de ellos cree o dice que es lo bello, o bien de la expectativa que tengan con respecto a lo que son las personas y cómo deben ser. A partir de eso dicen que una cosa es más bonita o más fea que la otra. Algunos creen que todo tiene su encanto, al menos algún detalle, o que todo es hermoso tal cual. Un pensamiento no tiene que estar peleado con el otro, los humanos son un poco raros. Para ellos, cuando tratan de pensar por sí mismos, lo cual no es común, y no obstante pasa, el esplendor de las cosas parte del cómo se ven y se entienden cada uno de ellos por separado, con respecto a sus semejantes. Dicho de otro modo, ven lo bello en otros cuando los demás les hacen ver o sentir que hay belleza en ellos mismos, y viceversa. Quizá no sea belleza en sí, sino gratificación, reconocimiento, o una serie de cosas que podría necesitar un humano ¡Y cuánto de tanto necesita un humano! Necesidad, es una palabra que se repite una y otra vez en sus mentes. Supongo que su constitución y su forma de vida los condicionan a ello.

"A lo mejor lo bello está en el reflejo y no en el objeto. No sé".

"Pese a esto, una cosa son los humanos, y la otra el resto de las cosas. Aunque es posible que no estén tan alejados, ni nosotros de ellos ¿Qué hace a las cosas bellas? Podríamos decir que todo lo bello parte de que alguien consideré algo como tal, no me refiero a una cuestión de simple percepción, ni a una cualidad mística o mágica que materialice nuestras ideas. Pienso que la belleza depende, sobre todo, de tres aspectos: la experiencia, el entendimiento y el sentido".

"Cuando el viento acaricia tu cara, cuando la luz y las sombras se funden y luchan entre sí dando forma, color y consistencia al mundo… En los ratos en que te recuestas sobre las aguas calmas, o te deslizas a través de una ladera gracias al efecto natural de caída, y sientes algo calmando tu ser, y la realidad se suspende sobre sí misma, trayendo paz, y uno u otro mensaje. Al ver las motas de polvo flotando frente al atardecer, cuales aves en el cielo, o navíos en un mar invisible. Pero quietas, petrificadas o descendiendo de manera tan lenta que no la podemos entender, cómo el tiempo de la naturaleza, eterno. Siempre, al suspirar la vida y contemplar la muerte. Experimentas lo bello".

"A su vez, cuando alguien, sea un ser vivo, animales como los humanos o los colibríes, o inanimado como son las piedras y la propia oscuridad, te lleva de alguna forma a entender algo profundo sobre ti, o sobre el mundo. En la compañía de otros, en la soledad frente al todo, o volando entre los sueños. En una caricia, breve, efímera, tal como un parpadeo, en el más leve toque, o en un largo y cálido abrazo, en un beso. O en la simple contemplación. Entiendes lo bello".

"En las cosas minúsculas, en los bonitos tesoros, en las grandes montañas y el vasto mundo. Al momento en que escuchas lo que hay más allá, y vez lo profundo en lo que simple, o encuentras lo sencillo entre las complejidad del intrincado laberinto de la vida. Las cosas cobran sentido para ti, o por sí mismas. Sientes la vida, y la vida tiene sentido".

Pude simplificarlo más, muchos lo hubieran hecho. O pude extender la explicación en un intento por descifrar un secreto. Más creo, por tu mirada, que has entendido el punto. Además, ya lo he dicho: la belleza está en la experiencia, el entendimiento y el sentido. Por separado o en suma-. Enli comprendió entonces el por qué importaba tanto aquel humana para su hermana, y también para él. A través de la muerte de Narciso, Enlil y Nin comprendieron algo sobre la vida, en especial la pequeña. El mayor entendió más bien por medio de su hermana y del difunto, como dos palabras perdidas que al juntarse adquieren significado.

-Gracias Enli, te quiero-. Entonces Nin durmió, y no despertó hasta el día siguiente. Enli rió, y se quedó mirando al sol en su trayectoria por el cielo, hasta perderse en el horizonte. El aún joven elemental pensó en si el sol tenía un semblante oculto, visto por nadie a excepción del mar de occidente, dónde algún día seguramente su hermana estaría, entre miles de millones de gotas de agua, reflejando el rostro del sol.

 Dos días de congoja pasaron lentos para Nin, el segundo fue un constante flotar entre horas de silencio, mientras el primero un impacto, el enmudecer de todas las cosas. Por única ocasión, al tercer día, se polimerizaron el rayo y la lluvia, y entre ellos la chiquilla pudo escuchar. El viento aminoró las cayentes gotas de agua, y las deslizó hacia el pico más alto.

Al morir Narciso, mientras caía, en su último suspiro, observó algo nunca antes visto, algo que no era su rostro. Entre la luz y el espejo, en medio del sol que caía y un reflejo visto todos y cada uno de sus días, vio los ojos de una pequeña, tan hermosa como nada que hubiese visto antes. Lo perfecto, oculto entre la vida y la muerte.





FIN



Áureo Boix

3 de Marzo del 2017